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Una arquitectura para el aprendizaje

23 abril 2024

El propio edificio del Colegio Reggio, en Madrid, del arquitecto Andrés Jaque / Office for Political Innovation, se erige en herramienta pedagógica para la autonomía, ecología y sentido de colectividad.

 

por Marta Rodríguez Bosch

 

 


El proyecto arquitectónico del Colegio Reggio lleva la firma de Andrés Jaque / Office for Political Innovation.

 

Está bien estudiado que las experiencias vividas en la infancia son determinantes en el desarrollo de los niños y niñas a todos los niveles: cognitivo, intelectual, psicomotor y emocional. Y según la profundidad del arraigo, pautan sentimientos, emociones y comportamientos posteriores. Infantes y jóvenes, durante años, pasan un gran número de horas en el recinto de la escuela. Un espacio arquitectónico que sin duda incidirá en su apreciación y concepción del mundo, más allá de la dinámica de clases y contenidos impartidos por el profesorado.

 

“El diseño del Colegio Reggio se basa en la idea de que los entornos arquitectónicos pueden despertar en los niños el deseo de exploración e indagación –señalan desde el estudio de arquitectura Andrés Jaque / Office for Political Innovation -. De esta manera el edificio es pensado como un ecosistema complejo que hace posible que los estudiantes dirijan su propia educación a través de un proceso de experimentación colectiva autoimpulsada”. Se trata de una concepción que sigue las ideas pedagógicas que Loris Malaguzzi desarrolló en la ciudad italiana de Reggio Emilia para potenciar la capacidad de los niños de afrontar desafíos potenciales e impredecibles.

 


Entorno a un jardín interior se organizan las aulas del alumnado de mayor edad a modo de pueblo.

 

El edificio se ha concebido como un multiverso donde la complejidad estratificada del entorno se vuelve legible y experiencial. Funciona como un conjunto de diferentes climas, ecosistemas y tradiciones arquitectónicas. Su fachada con múltiples ojos de buey parece observarnos con la curiosidad de la infancia. La organización ofrece una progresión vertical: la planta baja arraigada en el terreno, se destina a los alumnos de la primera infancia. Mientras los niveles más altos los ocupan estudiantes de clases intermedias que conviven con el agua recuperada y tanques de tierra que nutren un jardín interior. Las aulas para estudiantes mayores se despliegan en torno al jardín interior, como en un pequeño pueblo. “Esta distribución de usos –especifican sus autores- implica un proceso de madurez continua que se traduce en la creciente capacidad de los estudiantes para explorar los ecosistemas de la escuela por sí solos y con sus iguales”.

 


El Ágora es un espacio de diálogo y corresponsabilidades, en conexión con el territorio.

 

El corazón de la escuela late en el segundo piso, formalizado en un gran vacío abierto a través de grandes arcos hacia el paisaje y los ecosistemas circundantes. Ideada como Ágora cosmopolítica, es un espacio semicerrado por donde circula el aire que atempera un encinar vecino. Es una arquitectura que persigue animar tanto a profesores como estudiantes a participar en la gobernanza de la escuela e interactuar con el paisaje y el territorio.

 


Los  sistemas mecánicos del edificio, dejados a la vista, son también herramienta pedagógica.

 

Dejar a la vista los sistemas mecánicos del edificio se erige, así mismo, en herramienta pedagógica. En un proceso inverso al esfuerzo habitual de la arquitectura por ocultarlos, se convierte en oportunidad para que los estudiantes visualicen cómo dependemos de los intercambios y circulaciones de agua, energía y aire.

 

Para lograr soluciones sostenibles y reducir su huella ambiental, el proyecto recurre a estrategias de bajo presupuesto basándose en los siguientes principios de diseño: Verticalidad para reducir la ocupación del suelo. Reducción radical de la construcción (hasta un 48%), optando por no emplear revestimientos o falsos techos. Y una gruesa envolvente de aislamiento térmica con corcho, como solución natural desarrollada específicamente por Office for Political Innovation. La merma general de material en todo el proyecto ha supuesto una reducción del 33% en la energía incorporada en la estructura del edificio.

 


La conexión con el ecosistema exterior del paisaje y territorio es uno de sus valores.

 

El proyecto de la escuela incluyó un proceso participativo para incorporar ideas, inquietudes y sensibilidades de profesores, estudiantes y padres. Así mismo, dada su ubicación junto al Parque de Valdebebas, en Madrid, se optó por expandir las actividades curriculares al espacio público, planteando la educación como un proceso de interacción social intergeneracional e intercultural.
“El diseño, construcción y uso de este edificio pretende exceder el paradigma de la sostenibilidad para comprometerse con la ecología como un enfoque donde impacto ambiental, alianzas más que humanas, movilización material, gobernanza colectiva y las pedagogías se entrecruzan a través de la arquitectura”, señalan en Office for Political Innovation.

 

El arquitecto español Andrés Jaque es actualmente Decano de la Universidad de Arquitectura de Columbia, en Nueva York, con una trayectoria marcada por una continua investigación de la práctica arquitectónica y sus derivadas sociales, políticas y ecológicas. El proyecto Colegio Reggio ha obtenido hasta hoy diversos galardones como el de la Bienal de Española de Arquitectura y Urbanismo, y está entre los finalistas de los Premios EU Mies van der Rohe.

 


Su fisonomía está al servicio de una pedagogía para la vida. Y sus ojos de buey nos miran curiosos.

 

Este destacado proyecto, donde pedagogía y arquitectura se alían, corrobora la importancia de la infancia como etapa fundacional de la persona, que guiará su evolución en las siguientes. Es una arquitectura que apuesta por preparar a los estudiantes para un futuro de vida en colectividad, con iniciativas y responsabilidades, donde las decisiones y la participación de todos genere una vivencia más humanista en el mundo. Que siempre transitará por la arquitectura que edifiquemos.

 

© todas las fotos: José Hevia

 officeforpoliticalinnovation.com

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