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Buena arquitectura para todos

3 marzo 2022

Hacer posible lo imposible: El arquitecto suizo Gus Wüstemann ha logrado aportar un poco más de equidad al sector de la vivienda.

 

Originalmente escrito por Barbara Jahn

 



La magia de la pequeña escala. Gracias al diseño de un logrado recorrido visual, las viviendas de la calle Langgrütstraße parecen más grandes de lo que en realidad son. 

 

Por supuesto, ver magníficas obras de arquitectura lucir a toda página en periódicos y revistas siempre es una grata experiencia. Estimula las fantasías, despierta los deseos y moviliza los anhelos. Pero aún más hermosas son aquellas obras que se vuelven tangibles, en tanto que son asequibles y no quedan en un simple sueño para muchas personas.

 



Belleza sin límites. El interior y el exterior se funden en uno solo espacio. 

 

El estudio de arquitectura suizo gus wüstemann architects recibió el encargo de la Fundación I+B Baechi de crear precisamente arquitectura de este tipo en Zúrich: espacios habitables asequibles que no comprometan la calidad. Gus Wüstemann aceptó el reto y desarrolló un proyecto ejemplar con las viviendas de la calle Langgrütstrasse 107, que demuestra que con intervenciones puntuales en la luz y el espacio, así como con una reducción simultánea de los estándares, se pueden lograr espacios habitables amplios sin un coste económico adicional. «Es necesario un cambio de mentalidad en el mundo actual. Cada vez es más importante la sostenibilidad en el sentido de menos para el individuo y más para la comunidad. Como mostramos en el proyecto, esto se puede alcanzar en arquitectura —en este caso en la construcción de viviendas— si nos alejamos de las connotaciones y los estándares, y desplazamos el foco al momento espacial y a la calidad de los espacios» —explica Gus Wüstemann sobre su enfoque de diseño.

 



Calidad del espacio como medida de todas las cosas: Lo que cuenta, lo decisivo, no es el tamaño, sino cómo funciona el espacio.  

 

Nos encontramos en medio de una estructura de asentamiento formada por sencillos edificios en hilera de los años 50, dispuestos en ángulo recto entre sí, en los que destacan las zonas verdes de amplios jardines. El edificio de hormigón macizo con encofrado orgánico alberga cuatro viviendas de 60 metros cuadrados con tres habitaciones y media, y cinco viviendas de 90 metros cuadrados con cuatro habitaciones y media, que reflejan la nueva amplitud. Todas están orientadas al sur y sobre ellas descansa una gran terraza comunitaria. La luz y el sol adquieren un papel importante en esta coreografía espacial: En los dos patios, que parecen «recortados» en la estructura del edificio, flotan cual puente los espacios habitables, atrapando los rayos del sol matutinos y vespertinos. Al mirar a través de ellos, uno tiene la sensación de estar en un espacio exterior. Esta sofisticada disposición arquitectónica crea un sorprendente momento de grandeza en un espacio de por sí pequeño.

 



Con detalles sofisticados y elementos que dividen solo parcialmente las habitaciones, el espacio permanece siempre fluido. 

 

Incluso la periferia del espacio habitable es diáfana y trasciende los ambientes. Esto es posible gracias a la disolución de los elementos que delimitan el espacio, que presentados de este modo no se perciben como tabiques, sino como protagonistas comunicativos. Las personas están incluidas en esta topografía de la masa. Se caracteriza por un diseño personalizado que define todos los ambientes, desde los armarios hasta la cocina, pasando por el banco del salón. El cuarto de baño de la vivienda de cuatro habitaciones y media, por ejemplo, está separado de la zona común por una puerta corredera que no llega a tocar el suelo. El banco de hormigón que crece desde la pared del baño logra crear a la entrada, junto a la puerta corredera, un lugar, un momento de transición. El espacio sigue fluyendo como un continuo de la comunidad hasta crear un ambiente de intimidad.

 



Todas las habitaciones, con sus diferentes funciones, se integran en la fluidez del espacio. 

 

Esta fluidez espacial se percibe nada más acceder a la vivienda: La entrada de cada una queda encajada en una viga de hormigón macizo que nos guía hacia el interior, capturando el momento de acceso. El concepto de espacio fluido también se respira en el suelo continuo de hormigón, que fluye hacia todos los dormitorios como un fragmento de lo comunitario, pero que a continuación se funde con una superficie de madera en el suelo del dormitorio, creando un nuevo nivel de intimidad. Gus Wüstemann logra crear apertura, continuidad y, por tanto, una discreta expansión espacial con un sencillo gesto arquitectónico que transforma las compactas viviendas en amplios entornos vitales.

 

© todas las fotos: Bruno Helbling


www.guswustemann.com


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